viernes, 3 de enero de 2014

Barry White

A ella, Barry White le recordaba a su madre. Era absolutamente inevitable. Desde niña la escuchaba pasar la aspiradora un sábado por la mañana con los discos del ídolo negro de los 80 a todo volumen para acallar los alaridos del maldito aparato. Mientras ella, en su habitación, intentaba desgranar los misterios del orgasmo con la yema de sus dedos.

Huelga decir el desastre que vivió el resto de su vida cuando alguno de sus amantes intentó usar la banda sonora del amor por excelencia para bajarle las bragas. Las flores, los masajes con aceites perfumados, las cenas a la luz de las velas y demás mariconadas que se ven por esos lares fueron inútiles. Un solo acorde del Love's Theme, una sola nota de esa voz ronca y varonil en Oh me, Oh my, (I'm such a lucky boy) y su libido caía por los suelos, inventando excusas para desbrozarse de los tentáculos del pulpo de turno.

No es que fuera una estrecha, ni muchísimo menos. Marta se entregaba al sexo sin tapujos ni rendiciones pactadas a pesar de que aún seguía bregando por despejar la incógnita del clímax en la ecuación del sexo en pareja. Alguna vez le había pasado, no me malentendáis, pero aquellas ocasiones habían sido más una sorpresa que otra cosa. Y disfrutaba del sexo, ou yeah. Pero para ella abrirse de piernas era más bien un acto fútil de esparcimiento.

Como los hombres esas cosas no las entienden (y según creo las mujeres tampoco), Marta fingía sus orgasmos sin remordimiento ni pesar alguno. Secretamente esperaba que en alguna de aquellas farsas le sucediera de verdad, pero mientras tanto chillaba y pataleaba como una cerda en su San Martín y miraba divertida por el rabillo del ojo las reacciones de su oponente entre las sábanas.

Cualquier cosa de Eric Clapton o BB King, Black Dog de Led Zeppelin, The End de los Doors y el Dark Side of the Moon de Pink Floid conformaban el conjunto de sonatas que más disfrutaba a la hora de las uvas pasas. Ese organillo, ese arrastrado solo de guitarra o aquella nota envuelta en el dulzón humo de sus alientos la teletransportaban en un cerrar de ojos a la oscuridad de su dormitorio, a la soledad de diez dedos y una vagina, y al afán de que sí, esta vez sí, iba a llegar al orgasmo.

lunes, 25 de noviembre de 2013

¿Por qué tetas?

Sacó unos calcetines limpios de entre el caos que gobierna su maleta y me miró para decirme: ¿Sabes qué, MJ? Deberíamos salir ya.  Sinceramente, no sé de dónde saca todos esos calcetines, pensaba yo mientras me hacía cosquillas con la barba en el pezón derecho.

¿Por qué tetas?, le pregunté por duodécima vez en la semana de amor romántico más pastelosa que he vivido en este cuarto de siglo. No lo sé, me respondió. "They look good", y eso en inglés vale para muchas cosas. Lo que yo entendí en aquel momento, es que "son bonitas".

Y lo son. Grandes, pequeñas, con forma de pera, redondas, un poco caídas, con pezones como timbres de castillo o solo dos granitos oscuros en el medio de cada una. Muchas chicas no entienden por qué os gustan las tetas. A mí siempre me han parecido bonitas. Qué coño, algunos escotes me emboban como si fuera un macho en época de cría.

A lo largo de la historia han sido incontables los atributos que se han valorado en los pechos de mujer. Grandes, que significaba fertilidad y abundancia de alimento para el neonato en tiempos remotos. También ha sido admirada su redondez y simetría. Su turgencia, por supuesto. O la naturalidad de las mismas, en estos tiempos en que las encontramos acorraladas por la silicona plástica en cualquier busto. La posición y la caída también han sido tomadas en consideración. Al final de todo, la verdad más absoluta y perturbadora de todas, la que se ha mantenido siempre intacta es que dos tetas tiran más que dos carretas. 

Porque esa es otra,

martes, 25 de junio de 2013

Si no lo digo, reviento



Hoy he estado grabando en una de las corralas, no diré cuál para que nadie se sienta ofendido. He conocido a madres que no pueden dar de comer a sus hijos, que no pueden pagar un alquiler, que han sobrevivido a la enfermedad innombrable y ahora sobreviven a una crisis que no han causado. Y me he enfrentado a sentimientos encontrados con ellas, que donde te dicen que no tienen un yogur para dar a sus hijos no falta un paquete de tabaco, un cenicero lleno de colillas, alguna china de hachís y un plasma más grande que el salón entero (y mucho más que la vieja tele de tubos catódicos que tengo yo en el mío).

¿Qué clase de necesidades hemos generado en personas que no se las pueden permitir? ¿Por qué a una madre que no tiene pan para sus hijos no se le ocurre vender su televisor para, al menos, asegurar la subsistencia unos meses?

Aquí entra en juego el 15M, con todos mis respetos y admiración a la labor que hacen. Meten en la cabeza de todos aquellos que están en esta situación el discurso aprendido del alquiler social y las viviendas con gente en el que creo fervientemente pero que suena vacío cuando lo repite cual papagayo, con las mismas palabras, el quinto desahuciado al que entrevistas. Un pobre hombre que no ha tenido educación y que apenas puede pronunciar correctamente su nombre cómo va a entender de qué va esto de las ILPés, PAHs, escraches y demás palabros.

Lo que quiero decir es que está muy bien buscar una solución a familias que lo necesitan, pero que esto no es una respuesta en sí misma. No es, si mi apuras, siquiera una solución. Pero esto está mal decirlo, porque ahora el 15-M son los buenos y los partidos y sindicatos los malos. Pues mire usted, ni lo uno ni lo otro, y si vamos a la revolución contad con mi hacha (y con mi espada, y con mi pluma) pero mientras tanto vamos a dejarnos de vueltas de tuerca, y vamos a llamar a las cosas por su nombre (escrache, ILP, PAH, FMI, Shakira…).

Y ya lo último: no digo yo que tenga ninguna solución mejor, ni solución alguna acaso, pero sí tengo clara una cosa: todo esto pasa por la educación, educar a la gente, darle las herramientas necesarias para pensar por sí misma. ¿Cómo, cuándo, dónde? Pues no lo sé. Si se me ocurre os lo digo. Y lo siento por el coñazo y por interrumpir el habitual ambiente erótico de este mi blog, pero si no lo digo, reviento.

lunes, 13 de mayo de 2013

Los bajitos la tienen más grande

Una de las parejas de alta-bajito más famosas: Sarkozy y Bruni. 

Tíos bajitos con tías altas. Siempre es una cosa, cuanto menos, curiosa de ver. Digamos que está "socialmente estigmatizado". Pero me refiero a altas, altas de verdad, no el escaso 1,70 que yo mido, que aunque en esta Comarca pueda parecer toda una medida de elfa en cuanto una cruza Hobbiton se da cuenta de que no es más que otro tapón de alberca subido a unos tacones.

Hablo de alemanas, americanas, danesas o de-dónde-coño sean, tías jaquetonas de estas cuya misma envergadura las hace atractivas a la vista. Con uno de esos tíos a los que denominamos “graciosos”. ¿Qué es un tío gracioso? Pues cualquiera de la calle te diría “el típico español, moreno, bajito y salao”. Lo habéis cogido, ¿no? Pues ahí es donde voy.

Es cierto que esta clase de relaciones podrían crear algunos problemas “de altura” (chistaco). Por ejemplo, olvidaos de los tacones para siempre. De los bailes de salón, de que os lleven a caballito a las tantas de la mañana hasta casa… Y de follar de pie.

Pero una vez que se cierra la puerta de la alcoba, nada es tan traumático. La inmensa horizontalidad del lecho nos convierte a todos en iguales, altos y bajos, gordos y delgados, enanos y gigantes. Una diferencia de 20 centímetros verticales puede convertirse en un excedente de placer enorme. Y si esa diferencia se plasma en unos centímetros más de miembro viril, pues mire usted que bien.

Unas rodillas clavadas en el filo del colchón son siempre unas rodillas. Y si te vas a arrodillar, ya que estás te da lo mismo un poquito más que un poquito menos. También se pueden encontrar algunas ventajas: seguro que más de uno ha clavado ya su propio Kamasutra de Alicia en el País de las Pollas Amarillas. 

En una charla abierta con mujeres de semejante calibre que hace poco mantuve su conclusión siempre era la misma. "Qué le vas a hacer, al final te acostumbras", me contaba una agitanada, de ojos color almendra y pechos como tarros de mermelada. "Los bajitos la tienen más grande", me recordaba su amiga.

jueves, 2 de mayo de 2013

Gracias, cerebro


"Hola soy tu cerebro. Veo que estás haciendo el amor, ¿recuerdas aquella película que viste antes dónde cortaban el pene a un hombre con unas tenazas de carnicería? Creo que te vendría bien pensar en ello ahora."

Supongo que a todos, alguna vez que otra, el cerebro nos ha jugado malas pasadas. Reflexionaba yo sobre ello gracias al perfil tuitero @HolaSoyTu_ tras haber visto la segunda parte de Hostel de Tarantino y claro, me surgió la duda. ¿Qué pasaría si durante el acto amatorio un hombre recordase esta escena en particular de semejante película? La siguiente historia va de eso.

Estabas de pie, detrás mía, haciendo una de esas posturas acrobáticas de circo que tanto te gustan. Como muchas veces, estar contigo es una regresión a la época dorada, nunca vivida, siempre añorada: los felices 50 invaden tu habitación, tu ritmo, tu vida, y casi hasta tu peinado. Tanto que cuando se acerca el clímax me teletransporto como Marty McFly en regreso al Futuro a algún tiempo pasado que fue mejor, solo que sin necesidad de De Lorean ni más viejo loco que tú jadeando encima mía.

En los 50 el amor se hacía, como casi todo, a un ritmo diferente. Se olían los pechos debajo de vestidos amarillos de tela perforada y las manos se perdían por los poros de una piel. Billie Holiday, Ray Charles & The Realettes y tantas voces femeninas cubiertas por el polvo susurran en mi oído canciones de amor de otro tiempo. Mientras... el polvo... el amor... Puedo oír el clímax acercándose a cada graznido de un trombón.
Entonces en mi cabeza la imagen que hacía rato intentaba hacerse paso de pronto se materializó. Volví a coger el De Lorean para viajar por el tiempo hasta exactamente una hora y cinco minutos antes del momento presente. La mirada maléfica y los turgentes y apetecibles labios de Lauren German se aparecieron en mi mente. E inmediatamente, apenas un metro por debajo de la maldad de sus ojos, sus manos cerradas alrededor de unas tenazas de carnicero que a su vez rodeaban lo que viene a ser el miembro viril masculino. Lo que viene siendo un corte de rollo en toda regla. 

¿Qué hago ahora? Pensé, ajena a toda excitación sexual que pudiera sentir hacía tan sólo un momento. ¿Se lo digo? Gracias, cerebro.

martes, 26 de marzo de 2013

Por defecto

En mi lista de tus defectos

Hay tres renglones vacíos

Uno, el de tus besos

Dos, el de tu pecho

Tres el de tu gusto, raro
                             te gustaba yo...

jueves, 7 de marzo de 2013

Esperas


Fue nuestro último beso

A prisas en aquel andén

Entonces no creí que lo era

Ahora de seguro lo sé


Semanas pasaron por ti

Como aquella primera vez

Dijiste “nunca serás mía”

Y sin embargo siempre lo fui


Nadie me dijo lo duro que sería

Cuando oí de tus labios “tú eres la mujer de mi vida”

Comprender a la postre

Que lo pensabas, pero no lo sentías


La puerta de aquel tren se cerró

Y ni siquiera miraste por la ventanilla

Aquella chica ingenua que esperaba

Pero no podía esperar toda la vida


viernes, 1 de marzo de 2013

Ahora

Ahora que tus palabras me suenan vacías

Ahora que tu opinión no me importa

Ahora que se me sigue saliendo

El corazón por la boca.


Ahora que te creo un tonto

Ahora que he conseguido odiarte

Ahora que he vuelto a escribir

Mis versos siguen hablando de ti.


jueves, 28 de febrero de 2013

Cucarachas y espadas láser


En mi armario hay un reflejo
Que siempre al agacharme
Sin gafas, a oscuras
Me parece una cucaracha
Que corretea buscándome

En mi cuerpo hay un reflejo
Que al girarme en la cama
Sin gafas, a oscuras
Se parece a un oso panda
Que da la vuelta buscándote

En mi ojo hay un reflejo
Que en cada beso, cada gesto
A la luz del día y con gafas
Siempre se me antojan
Peleas de espadas láser

Dormir es perder el tiempo cuando no duermo contigo

sábado, 16 de febrero de 2013

¡Gol!

¡Goooool.... de no-puede-importarme-menos-quién!, tronó la radio. El parloteo me acompaña ahora que el espejo donde un día me miraste recoge sus pedazos de un rincón.

Es hora de guardar las fotos en un cajón, donde no duelan. Llenar los minutos, las horas, inventando sueños, evadiendo sentimientos, tratando de recomponer lo que has roto: mi viejo y triste corazón.

¡Ah! ¡Ahora comprendo! Mis lo-siento llegaron tarde, y el tuyo nunca llegó.

There was no greater love. 

domingo, 4 de noviembre de 2012

¿Hasta cuándo, Doctor Jekyll?


En un cuarto de siglo no he aprendido a averiguar lo que realmente quiero. Me muevo por impulsos, a menudo fugaces. En cuestión de segundos cambio de opinión y olvido.

Todo es caos a mi alrededor. El desorden y la anarquía me rodean donde quiera que vaya. Y el motor de mis andanzas ha sido siempre huir hacia delante. Abandonar el campo de juego cuando el árbitro me lo pone difícil y pedir cartas en otra timba, en otra liga o acaso empezar un solitario. Pero a veces comprendo que la solución no era romper la baraja.

¿Qué pasa si ahora encontré lo que realmente quería? Aunque mi cabeza a ratos me grite que no es posible, que la madeja tiene demasiados nudos y que tome, una vez más, las de Villadiego. Y como el tiempo, que está loco, en un fugaz instante recuerdo aquel día que querías echarle  salsa barbacoa a una de mis tortillas de patata. Una vez más, convencerme de que lo nuestro no es posible no ha valido para nada.

Hacer “all in” a una sola jugada, sin trampas ni trucos. Sin guardarme ningún as escondido entre los pliegues de mi falda. Quiero saber si esto es posible o solo una ilusión. Si somos dos locos jugando una partida que ya está perdida o si el juego solo acaba de empezar. Pero, ¿cómo? Si no lo intentamos…


Nada más inspirador que un corazón roto y una tarde de lluvia. ¿Hasta cuándo, Doctor Jekyll?

lunes, 3 de septiembre de 2012

De sueños y orgasmos

-¿Te he dicho alguna vez que me toco pensando en ti?

-Sí, Nadine, eso ya ha salido en la conversación.

-Oh, ¿quieres que te haga eso ahora?

Imagen de  http://solohacefaltaobservar.wordpress.com/
-Sinceramente, preferiría que no, Nadine.

-Uf, me encanta ese trabuco que guardas en los pantalones… Solo puedo pensar en que me azotes con él suavemente la cara.

-Nadine, concéntrese. Esto se nos está yendo de las manos.

-Oh, dios mío, Frank, métemela.

-¡Señora! ¿Ve usted el callejón?

-¡Oh, sí! ¡Lo veo! ¿Quieres hacerlo allí Frank?

-De acuerdo, ahora dígame qué ve al otro lado del callejón.

-¡Veo tu polla, Frank, tu polla!

-¡Eh Frank!- Bramó entre risas el interfono.

El negro de dos metros se echó hacia atrás con la silla precipitadamente. Se levantó y recorrió toda la sala de interrogatorios hasta el cristal. Presionó el botón del aparato y bramó - ¡Qué!

-Dile que la saque, ¿quieres?

Frank hizo un gesto al hipnotizador que observaba desde un rincón de la sala con las manos entrelazadas y éste se acercó a Nadine. La tomó de la frente y empezó a susurrarle al oído mientras ella permanecía allí sentada, agitándose de éxtasis.

Con una mirada hacia el espejo Frank apagó las risas que se oían al otro lado.

-Tres, dos, uno… ¡despierta!- con un chasquido de los dedos de aquel negro la rubia de bote abrió los ojos sobresaltada.

Nadine amaneció de entre las sombras agitada, con la respiración muy fuerte. El pecho se le movía hacia arriba y hacia abajo.
Poco a poco se fue tranquilizando y al hallarse en aquella  habitación de paredes vacías se asustó un poco. Palpó sus ropas y las notó un poco deshechas, de forma que bajó la cabeza y se sonrojó.

-¿Ha vuelto a pasar?- musitó Nadine.

-Sí, me temo que sí.

Nadine bajó su mano hasta su coño. Tras palpar un buen rato, ante la atónita mirada de todos los policías (delante y detrás del espejo) se chupó el dedo corazón.

-Al menos esta vez he llegado al orgasmo.


Dame cinco minutos más baby. O toda una vida.

jueves, 28 de junio de 2012

Carolina y el teléfono

Carolina estaba sentada justo al lado del teléfono. Las manos sobre las rodillas, las piernas bien apretadas y la mirada fija en el dibujo del papel pintado que adornaba la pared de enfrente. Apenas movía un músculo. A cada rato, su madre pasaba junto a ella cargada con ropa para planchar, el trapo del polvo o la escoba y el recogedor. "Carolina, te va a dar algo ahí tan quieta", le decía.

"Si me ha dicho que me va a llamar, es que me va a llamar", resonaba dentro de la cabeza de Carolina. Apretaba los dientes y echaba el culo para atrás de la silla de enea sobre la que descansaban sus turgentes posaderas. Casi rozaba el suelo con los pies moviendo, alternativamente, una pierna hacia delante y otra hacia detrás.

Los nervios del estómago no la dejaban parar quieta. Suspiraba, se inclinaba, se revolvía y secaba con sus manos el sudor que acumulaba entre los muslos, tanteando disimuladamente las braguitas blancas de tela perforada que llevaba aquel día.

Al primer rugido del aparato la pequeña montaba en cólera. Descolgaba frenética mientras su interior rezumaba. "¿Se encuentra la señora de la casa?", sonaba al otro lado. Carolina respondía desganada, colgaba el teléfono lo más pronto posible para dejar libre la línea y volvía a derretirse sobre la silla de enea.

Carolina apretaba, cada vez más, un muslo con otro. Rozaba su trasero contra el asiento. No quería levantarse, por si llamaba, pero tenía que ir a hacer pipí. Cuando tiraba de la cadena oyó a lo lejos el desagradable pitido. Lo había descolgado su madre. "¡Carolina, es Victoria... otra vez!"

Una sonrisa de oreja a oreja y un suspiro se le escaparon con dos lágrimas en los ojos. En un arrebato de excitación corrió de vuelta al pasillo. Ansiosa, se acercó el micrófono a la boca y, enredando el cable del teléfono con su dedo índice, se sentó en la silla de enea a hablar mientras se tanteaba las braguitas blancas de tela perforada.



Y yo rezumo junto al teléfono esperando tu llamada. Aunque mis bragas no sean blancas, ni mi silla de enea, y los pies ya me lleguen al suelo...

domingo, 3 de junio de 2012

Dormir follando o follar durmiendo

¿Alguna vez os habéis quedado dormidos haciendo el amor? Sed sinceros, eso nos ha pasado alguna vez a todos. O, mejor dicho, a todas. Imaginad cómo sería vuestra vida sexual si padecierais narcolepsia.

Cuando una se queda dormida por las esquinas, mantener relaciones sexuales no es nada fácil. Para nuestra protagonista de hoy no lo era. De pronto se despertaba con la boca de llena de semen, sola en cama ajena o rodeada de personas que no conocía. Su mejor experiencia, sin duda alguna, fue salir de un sueño erótico en medio de su propio orgasmo. Pero eso sucedió después de conocer a su actual pareja.

El chico, o más bien señor, me contaba que congeniaron desde el primer momento. No parecía tener ningún tipo de problema con que ella de vez en cuando se echara una siestecita. Un toque de necrofilia y un extraño gusto por las mujeres pálidas hacían de su atracción un magnetismo irresistible. "Un día le metí la polla en la boca mientras dormía, y estuve minutos en esa posición hasta que ella se despertó y sin esperar un segundo comenzó a felarme", asegura el chico, o más bien señor, con los ojos casi salidos de sus órbitas.

Ella, encantadora durante toda la entrevista, aprovechó un momento en que él se ausentaba para acercarse a mí y decirme, en voz callada: "qué quieres que te diga, después de cinco años juntos todavía no me lo creo. La gente tiene cada gusto más raro..."

Un poco turbada después de mi encuentro con la extraña pareja, volvía a casa cuando me asaltó un pensamiento, una de esas verdades aplastantes que tanto busco. Hubiera sido mucho peor si ella fuese un hombre. 



Y en el pensamiento siempre, aunque tú no gustes cadáveres ni yo duerma a destiempos, nuestra extraña pareja. Todos tenemos una media naranja.

martes, 15 de mayo de 2012

Morir de amor, morir de sexo

Para ella el sexo era amor. Quería desarmar a sus parejas y dejarlas desposeídas de todo arreglo. Y cuando, vulnerables, mostrasen su yo más profundo, ella las devoraría para tenerlas siempre consigo. En el momento en que el rostro verdadero se alzase en verdadero éxtasis, ella lo consumiría. Y en eso, amigos, hay mucho de amor.

Cada noche recorrería una calle, una plaza nueva en una búsqueda de infinita de plenitud que jamás le llegaba. El post-coito para ella era siempre una decepción. Se sentía vacía, usada, infame. Cada noche consumía una llama que, aunque ardiente, nunca alcanzaba sus 600 grados celsius. Y cada noche la disipaba en su oscuridad.

Las pocas veces que dormía, soñaba con sombras negras aproximándose, tocando su piel y arrancando su esencia. Entonces, despertaba empapada en sudor y tan excitada que podía haber caído en una marmita de poción afrodisíaca. Y en el frío de la noche londinense o el calor de la primera luz de una selva colombiana se consolaba ella misma. Sucia, inmunda y hedionda se sacudía para, más vacía que nunca, continuar su eterno éxodo a ninguna parte.

¿Y qué pasaba con sus víctimas? ¿Morían?, os preguntaréis. Morían, pero no en vida. Perdían toda ocasión de sentir otra vez la pasión verdadera, después de haberla tenido dentro. Sus cuerpos continuaban el desgaste cinco minutos o cien años más. Pero su luz, desvanecida, no volvería jamás. 


Si en la búsqueda encontrase el roce de tu piel, quedaría el camino acabado. Y al sucumbir a tu tacto moriría, saciada, satisfecha. Colmada.

jueves, 10 de mayo de 2012

El sexo de los miopes

Cuando, arrebatado de las gafas que le permiten discernir lo que es el mundo a su alrededor el miope se mete en la cama, se convierte en un animal nocturno. 

Estamos hablando de un miope, miope de verdad. De los que tienen una docena de dioptrías en cada ojo. De los que a oscuras no diferenciarían una polla de un coño si la vieran. Pero para el gafotas eso nunca fue un problema. En sus años mozos, como él los llama, se ponía los calzoncillos limpios, los cristales de culo de botella y ¡a ligar! "Con los esfuerzos que tiene a veces que hacer uno, me facilitaba mucho la tarea. Gafas fuera, y ya podía pensar en quien me diese la gana", nos cuenta el lentes.

Hubo una noche, una en particular, en que el querido tortuga casi lamenta ser un topo de jardín. Pero al final, no lo lamentó, no. La chica era preciosa: alta, esbelta, blanquita con culito de negro. Cuando sus ropas volaron el murciélago afinó su olfato "aquí huele como siempre. Encima, limpia", pensó nuestro protagonista. "Cuando fui a echar mano al negocio, tenía un manubrio más grande que el mío. Pero ya que estaba, no podía hacer el feo. Tenía que dejar el listón alto". 

Al calor de las sábanas de una pensión cualquiera la celulitis, un labio leporino, una pierna ortopédica o un miembro descomunal se padecen mejores. Los límites del placer se propagan cuando caes en ese mundo de sombras y se reavivan los sentidos que tenías olvidados debajo de tu ombligo. La mujer del capitán de los piojos así lo afirma: "yo estoy contenta. Cuando lo hacemos no me ve los michelines".

Apagar la luz y mirar tu ojo, y dentro de tu ojo, cuando no veo ni siquiera tu cara, y hacerte el amor porque solo te siento a ti. Y todo lo que no siento no existe.

martes, 17 de abril de 2012

Secretos de medianoche

Al pensar en ti me invaden, en los momentos más inesperados, oleadas de excitación. Al notar un torbellino de placer acercándose a mi espalda inclino el cuello hacia atrás y me dejo llevar por el escalofrío. Y cuando digo que me ocurre en las circunstancias más peregrinas, "I mean it", como dicen los ingleses.
Puede pasar, por ejemplo, en una rueda de prensa, mientras friego los platos o volviendo a casa en bici. Debo decir, a colación, que la tercera de estas localizaciones me parece la más placentera.
Me quedo paralizada al tiempo que el escalofrío llega a mi sexo. Aprieto fuerte las piernas, como si te tuviese dentro de mí, y pierdo por completo todo poder sobre mi concentración.
Entonces, con el siguiente aliento, la sensación se disipa. Me queda el dibujo en mi cabeza de tu sonrisa, las venas marcadas en tu antebrazo o el vago recuerdo del calor de tus labios sobre los míos. Miro a mi alrededor y todo sigue exactamente como lo dejé, como si el instante hubiese detenido el tiempo. Continúo con mi normalidad, anoto algo, escurro un tenedor o sigo pedaleando. Solo me delata el esbozo de una media sonrisa y el brillo de mi mirada.
Tan solo permanece la infinita sensación de intimidad que dan los secretos. Y que nadie más sepa lo que tú y yo hacemos cuando se cierra la puerta de nuestra alcoba.

 

miércoles, 21 de marzo de 2012

Camellos del mundo, uníos

Droguis
Camellos que surtís al mundo de droga, uníos contra vuestro enemigo. Vosotros, que sobrevivisteis a la crisis, os reinventasteis y salisteis de ella con más poder que nunca os veis ahora amenazados por un oponente nuevo, desconocido. Aquellos que supieron mantener a una sociedad deprimida económicamente con la moral bien alta gracias a las sustancias estupefacientes, psicotrópicas, alucinógenas y demás mierda están ahora en peligro.

Su enemigo es un monstruo bicéfalo del que poco sabía hasta ahora el submundo de la drogadicción. 

La primera y más recóndita, siniestra y oculta de las cabezas lleva gafas de sol aunque sea de noche. Lo critica todo. Es peor que la típica madre de pueblo, porque además de muchas ganas de ofender tiene estilo y carisma. Sí, lo habéis adivinado. La primera cabeza es Risto Mejide y el problema primogénito de los traficantes de hoy en día, Tú Sí Que Vales. 

No cabe sino mencionar que Risto no es más que la punta del iceberg del conflicto. Merche, a su lado, sería capaz ella solita de atontar a un ejército de yonkis con su típico "me transmites mucho positivismo". Debe referirse a la corriente de pensamiento iniciada por Comte y JS Mill, claro está. Toda una intelectual de los tarados. 

Merche explicándole a Risto por qué el positivismo
confía en la ciencia
Pero a pesar de que el afamado "programa" de televisión sigue en antena, y de que a veces tiene a Paquirrín (otras no, yo no lo entiendo, es como si faltara mucho, el pobre) no es el antagonista supremo de nuestros buenos amigos los vendedores de droga. El culmen de la crisis en el sector viene protagonizado por el mal en persona... la campaña electoral. ¡Oh dios mío! ¡Se acercan los comicios! ¡Destapemos corruptelas como si no hubiera mañana y como si mañana nosotros no nos fuésemos a drogar para celebrarlo!

Bueno, qué van a hacer ahora los camellos andaluces sin los 25.000 euros que Guerrero y su Señor Conductor palmaban al mes en cocaína. No que yo entienda del tema, pero así a bote pronto me parece una barbaridad. Según testimonios recogidos por alguien que no era yo y que no planeaba adquirir ninguna sustancia ilegal, están desesperados. "Vamos a tener que volver a vender en las puertas de los colegios", afirman. 

En fin, que entre unas cosas y otras, ya no hay quien pille buena mierda, señores. 

PD: Para buena mierda el pantaloncico ese blanco que le ponen al Sevilla, el pobre. Qué humillantes. 

sábado, 3 de marzo de 2012

Estoy harta de... estar harta

Estoy harta de la Reforma Laboral. De madrugar. De que se me olviden las cosas. De conformarme. De no encontrar la canción que me gusta.

Estoy harta de los prejuicios (de los míos propios también). De no tener suficiente sexo y buscar la plenitud postcoital en otros placeres mundanos. De la prepotencia. De las cosas que están lejos. Estoy cansada de comer ensalada. De querer ser lo que no soy, y de desear matar gente.

Estoy harta de comer todos los días viendo viendo The Big Bang Theory.

Oh, dios, acabo de encontrar la canción que buscaba. Eric Clapton, Get Lost. Y me siento tan satisfecha como cuando te aprieta un calcetín y te rascas. Me encanta esta canción.

Ahora voy a cenar un tomate aliñado mientras me trago por enésima vez el capítulo de The Big Bang Theory en el que compran la máquina del tiempo y Leonard se asusta mucho. Instintos homicidas hacia todo aquel que no sea el Doctor Sheldon Cooper aproximándose. Joder, cómo me gusta esta canción.

Pero lo peor es que mañana me levantaré temprano e iré a trabajar, y haré un cutre-reportaje sobre la Reforma Laboral, que además me gustará. Y se me olvidará odiar la Reforma Laboral. Y me conformaré.

Estoy harta de estar harta.



Joder, cómo me gusta esta canción.

martes, 28 de febrero de 2012

La lírica por la lírica

Conoces mi cuerpo mejor que yo misma. Recorres de una punta a otra cada poro de mi piel acariciando, besando, descubriendo todas mis imperfecciones. Me dejas destapada, despojada de toda intimidad. Te detienes en cada lunar, cada cicatriz, cada pelo y los adoras desde la naturalidad de la completa desnudez.
Tan desprotegida estoy que temo que puedas mirar en mi interior y ver. No me asusta que halles mis defectos. Siquiera que encuentres los incontables e inconfesables secretos de alcoba atesorados en otras camas y en otras compañías mucho peores que la tuya.
Lo que me aterra es que me descubras a mí, al yo más sincero y arrebatado que subsiste debajo de mi piel. En algún lugar tras los pañuelos al cuello, la melena despeinada, el maquillaje y las mentiras. Las mentiras sobre lo que soy y lo que no. En ese lugar donde nunca he dejado entrar a nadie.
Cuando al mirar en mi interior veas, surgirán las verdades más profundas, desterradas en un rincón donde ni yo misma puedo encontrarlas. Y en el preciso instante en que los misterios sean revelados seré tuya, me habrás poseído. Y saciado de mí te darás media vuelta y te irás.
Yo me quedaré, vacía de secretos como el día en que nací, observando el revés de tu esbelta figura mientras te alejas para siempre.