jueves, 2 de mayo de 2013

Gracias, cerebro


"Hola soy tu cerebro. Veo que estás haciendo el amor, ¿recuerdas aquella película que viste antes dónde cortaban el pene a un hombre con unas tenazas de carnicería? Creo que te vendría bien pensar en ello ahora."

Supongo que a todos, alguna vez que otra, el cerebro nos ha jugado malas pasadas. Reflexionaba yo sobre ello gracias al perfil tuitero @HolaSoyTu_ tras haber visto la segunda parte de Hostel de Tarantino y claro, me surgió la duda. ¿Qué pasaría si durante el acto amatorio un hombre recordase esta escena en particular de semejante película? La siguiente historia va de eso.

Estabas de pie, detrás mía, haciendo una de esas posturas acrobáticas de circo que tanto te gustan. Como muchas veces, estar contigo es una regresión a la época dorada, nunca vivida, siempre añorada: los felices 50 invaden tu habitación, tu ritmo, tu vida, y casi hasta tu peinado. Tanto que cuando se acerca el clímax me teletransporto como Marty McFly en regreso al Futuro a algún tiempo pasado que fue mejor, solo que sin necesidad de De Lorean ni más viejo loco que tú jadeando encima mía.

En los 50 el amor se hacía, como casi todo, a un ritmo diferente. Se olían los pechos debajo de vestidos amarillos de tela perforada y las manos se perdían por los poros de una piel. Billie Holiday, Ray Charles & The Realettes y tantas voces femeninas cubiertas por el polvo susurran en mi oído canciones de amor de otro tiempo. Mientras... el polvo... el amor... Puedo oír el clímax acercándose a cada graznido de un trombón.
Entonces en mi cabeza la imagen que hacía rato intentaba hacerse paso de pronto se materializó. Volví a coger el De Lorean para viajar por el tiempo hasta exactamente una hora y cinco minutos antes del momento presente. La mirada maléfica y los turgentes y apetecibles labios de Lauren German se aparecieron en mi mente. E inmediatamente, apenas un metro por debajo de la maldad de sus ojos, sus manos cerradas alrededor de unas tenazas de carnicero que a su vez rodeaban lo que viene a ser el miembro viril masculino. Lo que viene siendo un corte de rollo en toda regla. 

¿Qué hago ahora? Pensé, ajena a toda excitación sexual que pudiera sentir hacía tan sólo un momento. ¿Se lo digo? Gracias, cerebro.

martes, 26 de marzo de 2013

Por defecto

En mi lista de tus defectos

Hay tres renglones vacíos

Uno, el de tus besos

Dos, el de tu pecho

Tres el de tu gusto, raro
                             te gustaba yo...

jueves, 7 de marzo de 2013

Esperas


Fue nuestro último beso

A prisas en aquel andén

Entonces no creí que lo era

Ahora de seguro lo sé


Semanas pasaron por ti

Como aquella primera vez

Dijiste “nunca serás mía”

Y sin embargo siempre lo fui


Nadie me dijo lo duro que sería

Cuando oí de tus labios “tú eres la mujer de mi vida”

Comprender a la postre

Que lo pensabas, pero no lo sentías


La puerta de aquel tren se cerró

Y ni siquiera miraste por la ventanilla

Aquella chica ingenua que esperaba

Pero no podía esperar toda la vida


viernes, 1 de marzo de 2013

Ahora

Ahora que tus palabras me suenan vacías

Ahora que tu opinión no me importa

Ahora que se me sigue saliendo

El corazón por la boca.


Ahora que te creo un tonto

Ahora que he conseguido odiarte

Ahora que he vuelto a escribir

Mis versos siguen hablando de ti.


jueves, 28 de febrero de 2013

Cucarachas y espadas láser


En mi armario hay un reflejo
Que siempre al agacharme
Sin gafas, a oscuras
Me parece una cucaracha
Que corretea buscándome

En mi cuerpo hay un reflejo
Que al girarme en la cama
Sin gafas, a oscuras
Se parece a un oso panda
Que da la vuelta buscándote

En mi ojo hay un reflejo
Que en cada beso, cada gesto
A la luz del día y con gafas
Siempre se me antojan
Peleas de espadas láser

Dormir es perder el tiempo cuando no duermo contigo

sábado, 16 de febrero de 2013

¡Gol!

¡Goooool.... de no-puede-importarme-menos-quién!, tronó la radio. El parloteo me acompaña ahora que el espejo donde un día me miraste recoge sus pedazos de un rincón.

Es hora de guardar las fotos en un cajón, donde no duelan. Llenar los minutos, las horas, inventando sueños, evadiendo sentimientos, tratando de recomponer lo que has roto: mi viejo y triste corazón.

¡Ah! ¡Ahora comprendo! Mis lo-siento llegaron tarde, y el tuyo nunca llegó.

There was no greater love. 

domingo, 4 de noviembre de 2012

¿Hasta cuándo, Doctor Jekyll?


En un cuarto de siglo no he aprendido a averiguar lo que realmente quiero. Me muevo por impulsos, a menudo fugaces. En cuestión de segundos cambio de opinión y olvido.

Todo es caos a mi alrededor. El desorden y la anarquía me rodean donde quiera que vaya. Y el motor de mis andanzas ha sido siempre huir hacia delante. Abandonar el campo de juego cuando el árbitro me lo pone difícil y pedir cartas en otra timba, en otra liga o acaso empezar un solitario. Pero a veces comprendo que la solución no era romper la baraja.

¿Qué pasa si ahora encontré lo que realmente quería? Aunque mi cabeza a ratos me grite que no es posible, que la madeja tiene demasiados nudos y que tome, una vez más, las de Villadiego. Y como el tiempo, que está loco, en un fugaz instante recuerdo aquel día que querías echarle  salsa barbacoa a una de mis tortillas de patata. Una vez más, convencerme de que lo nuestro no es posible no ha valido para nada.

Hacer “all in” a una sola jugada, sin trampas ni trucos. Sin guardarme ningún as escondido entre los pliegues de mi falda. Quiero saber si esto es posible o solo una ilusión. Si somos dos locos jugando una partida que ya está perdida o si el juego solo acaba de empezar. Pero, ¿cómo? Si no lo intentamos…


Nada más inspirador que un corazón roto y una tarde de lluvia. ¿Hasta cuándo, Doctor Jekyll?