miércoles, 21 de marzo de 2012

Camellos del mundo, uníos

Droguis
Camellos que surtís al mundo de droga, uníos contra vuestro enemigo. Vosotros, que sobrevivisteis a la crisis, os reinventasteis y salisteis de ella con más poder que nunca os veis ahora amenazados por un oponente nuevo, desconocido. Aquellos que supieron mantener a una sociedad deprimida económicamente con la moral bien alta gracias a las sustancias estupefacientes, psicotrópicas, alucinógenas y demás mierda están ahora en peligro.

Su enemigo es un monstruo bicéfalo del que poco sabía hasta ahora el submundo de la drogadicción. 

La primera y más recóndita, siniestra y oculta de las cabezas lleva gafas de sol aunque sea de noche. Lo critica todo. Es peor que la típica madre de pueblo, porque además de muchas ganas de ofender tiene estilo y carisma. Sí, lo habéis adivinado. La primera cabeza es Risto Mejide y el problema primogénito de los traficantes de hoy en día, Tú Sí Que Vales. 

No cabe sino mencionar que Risto no es más que la punta del iceberg del conflicto. Merche, a su lado, sería capaz ella solita de atontar a un ejército de yonkis con su típico "me transmites mucho positivismo". Debe referirse a la corriente de pensamiento iniciada por Comte y JS Mill, claro está. Toda una intelectual de los tarados. 

Merche explicándole a Risto por qué el positivismo
confía en la ciencia
Pero a pesar de que el afamado "programa" de televisión sigue en antena, y de que a veces tiene a Paquirrín (otras no, yo no lo entiendo, es como si faltara mucho, el pobre) no es el antagonista supremo de nuestros buenos amigos los vendedores de droga. El culmen de la crisis en el sector viene protagonizado por el mal en persona... la campaña electoral. ¡Oh dios mío! ¡Se acercan los comicios! ¡Destapemos corruptelas como si no hubiera mañana y como si mañana nosotros no nos fuésemos a drogar para celebrarlo!

Bueno, qué van a hacer ahora los camellos andaluces sin los 25.000 euros que Guerrero y su Señor Conductor palmaban al mes en cocaína. No que yo entienda del tema, pero así a bote pronto me parece una barbaridad. Según testimonios recogidos por alguien que no era yo y que no planeaba adquirir ninguna sustancia ilegal, están desesperados. "Vamos a tener que volver a vender en las puertas de los colegios", afirman. 

En fin, que entre unas cosas y otras, ya no hay quien pille buena mierda, señores. 

PD: Para buena mierda el pantaloncico ese blanco que le ponen al Sevilla, el pobre. Qué humillantes. 

sábado, 3 de marzo de 2012

Estoy harta de... estar harta

Estoy harta de la Reforma Laboral. De madrugar. De que se me olviden las cosas. De conformarme. De no encontrar la canción que me gusta.

Estoy harta de los prejuicios (de los míos propios también). De no tener suficiente sexo y buscar la plenitud postcoital en otros placeres mundanos. De la prepotencia. De las cosas que están lejos. Estoy cansada de comer ensalada. De querer ser lo que no soy, y de desear matar gente.

Estoy harta de comer todos los días viendo viendo The Big Bang Theory.

Oh, dios, acabo de encontrar la canción que buscaba. Eric Clapton, Get Lost. Y me siento tan satisfecha como cuando te aprieta un calcetín y te rascas. Me encanta esta canción.

Ahora voy a cenar un tomate aliñado mientras me trago por enésima vez el capítulo de The Big Bang Theory en el que compran la máquina del tiempo y Leonard se asusta mucho. Instintos homicidas hacia todo aquel que no sea el Doctor Sheldon Cooper aproximándose. Joder, cómo me gusta esta canción.

Pero lo peor es que mañana me levantaré temprano e iré a trabajar, y haré un cutre-reportaje sobre la Reforma Laboral, que además me gustará. Y se me olvidará odiar la Reforma Laboral. Y me conformaré.

Estoy harta de estar harta.



Joder, cómo me gusta esta canción.

martes, 28 de febrero de 2012

La lírica por la lírica

Conoces mi cuerpo mejor que yo misma. Recorres de una punta a otra cada poro de mi piel acariciando, besando, descubriendo todas mis imperfecciones. Me dejas destapada, despojada de toda intimidad. Te detienes en cada lunar, cada cicatriz, cada pelo y los adoras desde la naturalidad de la completa desnudez.
Tan desprotegida estoy que temo que puedas mirar en mi interior y ver. No me asusta que halles mis defectos. Siquiera que encuentres los incontables e inconfesables secretos de alcoba atesorados en otras camas y en otras compañías mucho peores que la tuya.
Lo que me aterra es que me descubras a mí, al yo más sincero y arrebatado que subsiste debajo de mi piel. En algún lugar tras los pañuelos al cuello, la melena despeinada, el maquillaje y las mentiras. Las mentiras sobre lo que soy y lo que no. En ese lugar donde nunca he dejado entrar a nadie.
Cuando al mirar en mi interior veas, surgirán las verdades más profundas, desterradas en un rincón donde ni yo misma puedo encontrarlas. Y en el preciso instante en que los misterios sean revelados seré tuya, me habrás poseído. Y saciado de mí te darás media vuelta y te irás.
Yo me quedaré, vacía de secretos como el día en que nací, observando el revés de tu esbelta figura mientras te alejas para siempre.

viernes, 24 de febrero de 2012

Un periódico con tilde

Yo escribí en Público. Y se me llena la boca al poder decirlo. En la casa de mi madre una carpeta amarilla con olor a tinta custodia los recortes de un papel manchado que siempre vivirán conmigo. Público fue el primer periódico en el que mi nombre apareció publicado, y eso para un periodista es como el bautizo para el católico.
Cuando Público desaparezca sólo quedarán en España periódicos de edición nacional en papel de derechas. Con El País absorbido en la vorágine del Grupo Prisa y el fallido experimento de La Voz del Pueblo, la muerte de Público significa la pérdida del referente sólido de la ideología progresista de este país. Un periódico que no tenía editorial porque imprimía su línea en cada noticia, cada artículo, cada reportaje, cada letra. Y además se sentía orgulloso de ello. Ser de izquierdas no era ninguna vergüenza. La Razón, La Gaceta, El Mundo, ABC manifiestan cada día sus "inclinaciones" sin sorprender a nadie. ¿Se le supone a la izquierda mediática una objetividad inexistente en la derecha? La respuesta es clara: sí.
No me queda más remedio que ponerme sentimental: la primera vez que crucé el umbral de la Delegación de Andalucía de Público a la tierna edad de 19 años me temblaban las piernas. No debió notárseme mucho, porque tiempo después Raúl Bocanegra me dijo que no creyeron que fueran "mis primeras prácticas". Vendemotos que es una. Aquellos días de verano me acompañaron la seriedad de Ángel Munárriz, la cercanía de Bocanegra, la ternura de Olivia Carballar y el abrazo paternal de Antonio Avendaño. Sin olvidar la compañia de mis compañeros becarios Francisco Artacho, Jael Herrera y Ana Jurado. En las tediosas tardes de aquel mes de agosto, encerradas en un despacho y mirando de reojo a Raúl y su melena nos enseñaron el privilegio de hacer las cosas bien. Contrastar fuentes, documentar, reportajear con ejemplos las noticias. El oficio del periodista meticuloso concentrado en las cuatro mesas que formaban aquella redacción.
Hoy, viernes 24 de febrero de 2011 he comprado, una vez más, la edición en papel de público. Y lo he hecho por miedo a que sea la última. Y por ese egoísmo coleccionista de conservar la última pieza de una joya de la corona. Una joya de papel en la que los periodistas de izquierdas tuvimos la oportunidad de desarrollar un trabajo profesional, periodístico, y progresista.

Descanse En Paz
Público

lunes, 13 de febrero de 2012

Esto no es una postal de San Valentín

Quiero irme a mi casa y llorar. Quiero meterme en la cama, taparme la cabeza y que cuando despierte todo haya terminado. Quiero que el mundo se olvide de que existo, una hora, una semana, o un año entero.

Todo el mundo debería de tener un permiso de manta. En días como hoy, que todo sale mal, le dices a tu jefe: "Oye, que me cojo mi día de manta". Así, sin dar más explicaciones. Y te vas a casa y te metes en tu agujero hasta nueva orden. Estoy segura de que eso solucionaría la crisis económica mundial. O por lo menos la mía. 

¿Que qué me pasa? Nada. Nada y todo. Así en líneas generales, soy feliz. Vivo bien, me divierto, tengo un buen trabajo, el cariño de los que me rodean. Y no, no tengo 15 años. Ni la menopausia (o eso espero). Quizás sea el exceso de azúcar del fin de semana, pero hoy quiero perderme. En tu cama, en la mía, en tus ojos. En una playa desierta. Y llorar sin que nadie me vea. Ni siquiera tú. Sobre todo tú.

viernes, 20 de enero de 2012

De Gütenberg a Megaupload

Cuando Gütenberg inventó la imprenta, y el cachivache comenzó a tener éxito, las autoridades quisieron prohibirlo. Sin éxito. Cuando en los años 50 los primeros acordes de un prematuro rock&roll comenzaban a sonar en los Estados Unidos, fueron acusados de ser la música del demonio. Así ha sucedido a lo largo de toda la historia de la humanidad, sin excepción, con cualquier avance.
En el año 2012 el poder ha cambiado de nombre, de capucha si me apuras, pero no de intenciones. En pleno siglo XXI todavía no han comprendido lo inexpugnable: no se puede luchar contra la revolución tecnológica. Y todavía queda que llover hasta que sepan aprovecharse de las posibilidades de internet.
Cuánto cobra una estrella de Holliwood por interpretar en una película? Cantidades desorbitadas, sobre todo si lo comparamos con el sueldo de, por poner un ejemplo, un periodista. Estos ingresos millonarios se ven ahora mermados por culpa de malandrines como los de Megaupload. ¿Por qué no pueden las estrellas del pop ganarse la vida dando conciertos, y considerar sus canciones como la oportunidad de ofrecer algo a la sociedad? Algo que en muchos casos jamás debiera haber visto la luz.
A todos esos greedy bastards, porque no tienen otro nombre, les propongo: añadid valor a vuestro producto. Haced canciones buenas, y compraremos vuestros discos. Sacad un vinilo y lo tendremos en el salón de casa. Desnudad vuestra alma y la devoraremos. Pero, por favor, no tratéis de compraros otro Porshe a costa de nuestra libertad.
A riesgo de ser tomada por loca del determinismo tecnológico, terminaré añadiendo que quizás dentro de dos siglos alguien cuente la historia de cómo intentaron, sin éxito, controlar internet.

miércoles, 11 de enero de 2012

Pinball

Ella toma la palanca, estira el muelle y “piing”, la bola sale disparada a toda velocidad, tan rápido que su destino le resulta incontrolable.
Los primeros momentos transcurren suspendidos en el aire, como la primera mirada. Nunca antes se habían visto, ella y la bola, pero ya casi se han enamorado. Por un instante no es necesario ningún esfuerzo: el tiempo se ha parado sobre la mesa. Ella sigue atenta al recorrido de su nuevo acompañante, como quien admira un caminar. “Ésta debe ser la mía”, piensa. Otra vez.
La bola está en la parte alta de la mesa. Va ganando puntos. Por ahora no hay casi nada que ella pueda hacer, sólo se deja llevar, sólo observa anonadada las ganancias de tan nimio esfuerzo. Es toda una primera cita: no ha tenido que pagar la cuenta, él le ha abierto la puerta cual caballero y puede sentir el primer beso flotando en el aire.
Pero pronto las cosas se tuercen: la bola se dirige inexpugnablemente hacia la parte baja de la mesa. “crock, crock”, ella se afana con los pulsadores para no dejarla caer. Vuelve a subir, anota algunos puntos. Incluso consigue encajarla una vez en el túnel espacial. Pero baja, sube y baja como lo hace la marea, como la ha hecho todo en su vida.
La bola cae por el agujero. Observa con tristeza el hueco donde antes estaba aquel al que había entregado sus esperanzas. Pero ya ha desaparecido, junto con sus anhelos de amor. Se encoje de hombros, respira hondo, y alarga la mano para agarrar la palanca, en busca de la próxima bola que sacará al terreno de juego. Una sospecha cruza su mente: en realidad siempre son las tres mismas bolas.